25 junio 2017

DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO


La Palabra en este domingo nos habla de nuevo del Don de ser creyente.

Sí, porque nos habla del miedo que está en el corazón humano y en el nuestro por supuesto no creamos que porque creemos que tenemos a Dios, ya no tenemos miedo, lo tenemos y el Señor lo sabe es por eso a nuestro corazón tembloroso da una respuesta:  ¡No temas!.
Esto es lo que desde el principio de la Revelación el Señor está diciendo a todos lo que han tenido una relación con Él, “No temas. Que yo estoy contigo!”. 

Es tal la llamada que nos hace, es tan inmenso a lo que estamos llamados que produce un vértigo atroz y tenemos miedo a ser libres, pero el Señor hoy nos dice no tengas miedo lánzate a vivir desde la libertad de los hijos de Dios, a lo que sea, que yo cuido de ti, confía.

Sí cuando nos fundamentamos en esa confianza en el Señor somos capaces de vivir desde la libertad y aunque tenemos miedo, sabemos que “la fortaleza del cristiano no está en su coraje ni en su heroísmo, sino en hacer de su debilidad y miedo un acto de confianza en Dios Padre”.
Es preciso atreverse a sentir miedo, a ser humanos, porque a veces no nos lanzamos a vivir  intensamente la vida “por miedo a sentir miedo”.

Intentemos integrar ese miedo desde la confianza en el Señor, y no nos encerremos en nuestras seguridades sin dar pasos, desde la confianza en nuestro Señor que cuida de nosotros.

Hoy podíamos mirar nuestra vida y haciendo una lectura desde nuestra fe darnos cuenta como el señor nos ha cuidado, sea la que sea nuestra vida siempre habrá momentos para agradecer, esto nos ayudara a decirnos como Jeremías en la primera lectura:Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado”.

Pedimos hoy por todos los que defendiendo una causa justa trabajan por el bien de los demás  y son perseguidos para el Señor les de fortaleza y les ayude a seguir trabajando por los demás, y por todos los cristianos que son perseguidos a causa de su fe para que no decaigan en manifestar su amor a  amigos y enemigos.

Oremos: Concédenos vivir siempre, Señor, en el amor y respeto a tu santo nombre, porque jamás dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amen.

18 junio 2017

SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

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LITURGIA DE LA PALABRA

“El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”. Vamos a mirar esta Palabra con todo el realismo que podamos, quizá nunca lo hemos hecho o han pasado desapercibidas, esto no les paso a los judíos del tiempo de Jesús, que efectivamente lo entendieron desde la realidad lo que estaba diciendo Jesús, y se espantaban  “¿pero cómo nos dice que nos comamos su carne y bebamos su sangre?

Para nosotros pasa incluso desapercibido realmente Jesús, me está diciendo que en ese pan y en ese vino es su mismo cuerpo y su misma sangre la que nos entrega para comérnosla, nada más y nada menos y al comerla tenemos vida eterna, que tenemos la misma vida de Dios en nosotros, tenemos a Jesús en nosotros porque su carne y su sangre pasan a formar parte de nosotros, aunque no lo podamos ver con los ojos de la carne,  porque vemos un trocito de pan y un poco de vino realmente está sucediendo, Jesús se ha hecho comida para ti para mi para todos. Cada frase de Jesús en Jn 6 es estremecedora. ¿Es posible que algo tan maravilloso esté a nuestra disposición cada semana, cada día incluso? ¡Cuánto nos cuesta creerlo! ¡Con qué poca pasión lo comemos!

La eucaristía no se queda en la celebración, ha de ser vida en nuestras vidas, “Cuerpo entregado y Sangre derramada”, no hay Eucaristía sin sentido de comunión fraterna y de solidaridad,  poco a poco va haciendo de nosotros personas disponibles, abiertas, entregadas. Poco a poco  nos  fundamenta en la Gracia de Dios y aunque nos sentimos juzgados cuando vemos a  Jesús entregándose por nosotros por amor, también nos sentimos profundamente agradecidos, porque ¿Qué sería de nosotros sin él? ¿Hasta dónde podríamos amar sin Él?

Vamos a pedir en este día por todos los pobres para que  experimenten mediante nuestra entrega, nuestro servicio y nuestro amor hacia ellos, que somos personas que recibimos el Cuerpo y la sangre de Jesús, y puedan vivir creciendo con dignidad como personas.

Oremos: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tu que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos. Amen.